jueves, 23 de noviembre de 2006

de un 24 de noviembre

El pibe se levantó esa mañana del 24 de noviembre de 1991 con una sensación rara. Es que la noche anterior había comido mucho ajo, y el cuerpo hoy se lo cobraba, como siempre. El pibe era un rutinario: pantuflas, café, diario, y la infaltable música de Queen de fondo que lo invitaba a bailar solo por la cocina. Y así era este pibe: la vergüenza del barrio, que se reía a carcajadas cuando lo veían imitar a Mercury (escoba en mano pseudo micrófono, bigote afilado, musculosa apretada, pantalón sin oxígeno y movimientos pélvicos dignos de ser envidiados -ver foto-).
Pero esa mañana el pibe no bailó como siempre de agitado. Era un día triste (se había quedado sin trabajo en plena era menemista), y por eso eligió los temas más bajoneros de Queen para tirarse en la cama, cerrar los ojos, respirar profundo y volar un poquito al compás de los teclados de Mercury, sin más drogas que las de la armonía. El pibe estaba mal, en serio que estaba mal. Lloró a carcajadas, y con el tiempo empezó a sentir algo en el pecho, algo parecido a lo que las madres dicen que sienten cuando su hijo está en peligro. Pero el pibe no era padre, ni siquiera seguía siendo hijo (sus padres habían muerto en el zoológico), y la razón de su angustia era un tanto inexplicable para él, para mí, para vos. El pibe estaba mal, en serio que estaba mal.
¡Qué recuerdos! Pero pensar que nadie le cree. “Yo sabía, lo sentí, yo sabía”, sigue repitiendo. Pobre pibe, es el día de hoy que sigue contando todos los años la misma historia. Y en esta fecha siempre se agudiza más. El pibe lo cuenta, a todos, a todo el mundo. Hoy se levantó religiosamente, puso algunos mp3 insólitos de Queen (cómo pasa el tiempo pibe), y lo sentó al hijo con tono de examen. Después de escuchar una seguidilla de 20 canciones, le contó la historia de ese día: dolor en el pecho, presentimiento, familiaridad de fan, dolor en el pecho, presentimiento, y un líder que se despedía para siempre. Su hijo se quedó callado, llamó a la mamá, y le preguntó:
-Mamaaaa ¿Es cierto lo que cuenta papá de ese día?
-No sé, el dice que sí (contestó sonriendo).
Pero el pibe no dio pelota. Siguió escuchando Queen, prendió una velita a la foto de Mercury, se persignó, y dicen que por unos cuantos aniversarios más va a seguir contando la misma historia. Hasta que alguien le crea ese dolor en el pecho. Hasta que alguien le crea el presentimiento del adiós a su ídolo.

martes, 21 de noviembre de 2006

de un 22 de noviembre

Así como entender, entiende poco. Nació hace muchos años en un territorio menos ágil, al que nunca le quiso dedicar muchos pasos. La vida nómada siempre le pareció aburrida: para qué caminar, por favor, para qué caminar tanto, si en este lugar tengo todo. Y que su pensamiento no sea entendido como mediocre, no. Su camino a la victoria siempre estuvo aferrado a las raíces: como reina, ganadora, primera, siempre primera y única. Esos eran algunos de sus objetivos en gotas, que con el tiempo fueron disolviéndose en charcos embarrados de olvido ¿A quién le importa? ¿A quién le importás Ceibo? Si es tu día, si no es tu día, si te morís, si nacés… A pocos, a muy pocos, ¿a nadie? No me atrevería a desilusionarte tanto. Por lo menos hubo alguien que pensó en vos. Alguien que ni siquiera piensa en mí, o en quien esté leyendo esto. ¡Qué afortunado Ceibo! Aunque no lo sepas, aunque no lo creas, aunque no lo escuches ni veas, tanto esfuerzo desde tu lugar no fue en vano. Te cuento (disculpá la demora, recién hoy me enteré) que en 1942 el Poder Ejecutivo te declaró como Flor Nacional Argentina. Suena a chiste, y que no me creas es entendible. Tantos problemas, tanta burocracia, tanta cacerola, y un gobierno que solo pensó en vos. Imagino el momento del debate:
-¿A qué flor queremos considerarla nacional muchachos?
-Yo propongo al jazmín
-A mi el jazmín me parece que no dice nada. ¿Por qué no declaramos al tulipán que tiene un nombre más boludo?
-Bueno tendremos que sortear. Traeme el bolillero (alguien le ordenó a Antonio Cafiero, que por esos momentos ya había empezado su carrera política)
Me imagino que seguís sin creerme. Estás en tu derecho, al derecho, y por la ridiculez de estos hechos, paso a lo concreto: revisá, desde tu lugar, siempre desde tu lugar, el decreto Nº 138474/42. Hoy es tu día Ceibo. Tampoco pretendo felicitarte, ni desearte un buen día. Simplemente informarte, por si no lo sabías, que un gobierno pensó, pensó, en vos. Y después dicen que ahí quietito, sin hacer mucho ruido, y sin otro fin que el de colorear la realidad, no se llega a nada…

sábado, 18 de noviembre de 2006

de un 18 de noviembre

Es un día esperado para Laura. Después de un mes repleto de exámenes, hoy rinde su última materia: fotografía artística II. No estudió, ella dice que no estudió nada, y no por vaga, sino que aclara que la fotografía tiene “mucho de salir a la calle, y esas cosas más prácticas”. Y así fueron estos días: pateando por las plazas para recortar realidades dignas de ser fotografiadas: la fuente colonial, el banquito verde escrito con liquid paper, y las palomas gritando en gotas por esos flashes tan violentos y disparados.
Laura está por rendir. Dice que no está nerviosa, aunque su pulso demuestre lo contrario. Dice que sabe, y la verdad que sabe lo que dice. Laura sabe. La fotografía la acompaña de chiquita, y que hoy esté por recibirse de fotógrafa es un poco un sueño, o una realidad soñada, pero con sueños al fin.
Un 18 de noviembre esperado con ansias, pero en gotas de información. Laura se sienta en la mesa de examen, muestra sus fotografías, y el profesor le cuestiona:
-¿Sabe qué día es hoy?
- 18 de noviembre.
-Sí, ¿pero qué más?
-Bueno, hoy me recibo (contesta sonriendo)
-Qué bueno, felicitaciones. ¿Y qué más? Debería saberlo aunque no forme parte de la materia.
Laura ya no sabe qué decir. El profesor saca una foto, se la muestra en la cara, y la mira. Es una imagen vieja de un tipo con rulos y bigotes. Parece del siglo XVIII o XIX (como mucho). Pero Laura se queda callada. ¿Y ahora qué? Su mirada dispara hacia ningún lado, y sus palabras callan en gotas. El profesor espera. Ella piensa. A los dos minutos –dos minutos de puro silencio, ¡dios mio!- la imagen le remonta a un libro de historia, historia fotográfica, sí. Es del tipo este Daguerre, Louis-Jacques-Mandé Daguerre. Un pintor francés que dicen que inventó la fotografía. Yo no lo ví. Pero me contaron que hizo algún que otro experimento con sustancias químicas que ayudaban a capturar la imagen. Minutos, largos minutos de exposición para que la imagen se fuera fijando en gotas. Daguerre, y nada más. Una foto suya, y nada más.
El profesor mira. Ella mira.
-Sí, es Daguerre, el precursor de la fotografía profesor.
El examen sigue. Ella no entiende porqué le mostró esa foto. La materia es otra. ¿Qué tiene que ver?, piensa. Rinde. Aprueba. Se recibe. Y a la noche se entera que en su esperado 18 de noviembre, el inventor de lo que ella es hoy cumple 219 años.

de un 17 de noviembre

El público expectante, pero triste. No siempre las expectativas logran abrazar la alegría, y mucho menos la euforia de una porción de hinchas que grita con fuerzas y nostalgia, recordando cada una de las jugadas para luego ser contadas: a sus hijos, nietos, los esperanzados bisnietos. Que la bola se vaya corriendo, ya, ¡ahora! Esto merece ser visto. “La máquina” está por salir señores. Miren. Disfruten. 17 de Noviembre de 1946. Recuerden esta fecha: la prensa, la gente, tu calendario, porque allá vamos. El equipo sale a la cancha. La máquina, la gloriosa máquina riverplatense de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau está por salir, pero no como siempre…expectativas, tristeza, tristeza: la máquina está por jugar su último partido.
17 de noviembre triste. El fútbol de luto. Una despedida dulce para esas cinco personas que lograron el apodo de un aparato fuerte, productivo, y destructivo. Rivales con miedo, en gotas. ¿Quién los para? Yo no los vi. Me contaron, mostraron, enseñaron fotos de ese 17 de noviembre de 1946: sesenta años antes de estas tribunas vacías. De partidos sin color ni misterios. ¿Quién los para? Yo los vi. Hinchadas en gotas. Futbolistas en gotas. Y empresarios goteando el dinero en oficinas violentas, sin tanta camiseta como camisas rosas, en flores. Un 17 de 2006 poco amateur, un tanto más profesional. Fútbol empetrolado, y armado. Que allí, que acá, que esto, lo otro. La maquina, la gloriosa máquina, y sesenta años en el medio de golpizas, corridas, y unas pequeñas gotitas que intentan limpiar esta pelota que el Diego aseguró que no se mancha.