Pero esa mañana el pibe no bailó como siempre de agitado. Era un día triste (se había quedado sin trabajo en plena era menemista), y por eso eligió los temas más bajoneros de Queen para tirarse en la cama, cerrar los ojos, respirar profundo y volar un poquito al compás de los teclados de Mercury, sin más drogas que las de la armonía. El pibe estaba mal, en serio que estaba mal. Lloró a carcajadas, y con el tiempo empezó a sentir algo en el pecho, algo parecido a lo que las madres dicen que sienten cuando su hijo está en peligro. Pero el pibe no era padre, ni siquiera seguía siendo hijo (sus padres habían muerto en el zoológico), y la razón de su angustia era un tanto inexplicable para él, para mí, para vos. El pibe estaba mal, en serio que estaba mal.
¡Qué recuerdos! Pero pensar que nadie le cree. “Yo sabía, lo sentí, yo sabía”, sigue repitiendo. Pobre pibe, es el día de hoy que sigue contando todos los años la misma historia. Y en esta fecha siempre se agudiza más. El pibe lo cuenta, a todos, a todo el mundo. Hoy se levantó religiosamente, puso algunos mp3 insólitos de Queen (cómo pasa el tiempo pibe), y lo sentó al hijo con tono de examen. Después de escuchar una seguidilla de 20 canciones, le contó la historia de ese día: dolor en el pecho, presentimiento, familiaridad de fan, dolor en el pecho, presentimiento, y un líder que se despedía para siempre. Su hijo se quedó callado, llamó a la mamá, y le preguntó:
-Mamaaaa ¿Es cierto lo que cuenta papá de ese día?
-No sé, el dice que sí (contestó sonriendo).
Pero el pibe no dio pelota. Siguió escuchando Queen, prendió una velita a la foto de Mercury, se persignó, y dicen que por unos cuantos aniversarios más va a seguir contando la misma historia. Hasta que alguien le crea ese dolor en el pecho. Hasta que alguien le crea el presentimiento del adiós a su ídolo.
-Mamaaaa ¿Es cierto lo que cuenta papá de ese día?
-No sé, el dice que sí (contestó sonriendo).
Pero el pibe no dio pelota. Siguió escuchando Queen, prendió una velita a la foto de Mercury, se persignó, y dicen que por unos cuantos aniversarios más va a seguir contando la misma historia. Hasta que alguien le crea ese dolor en el pecho. Hasta que alguien le crea el presentimiento del adiós a su ídolo.
