La mina empezaba a entender un poco más. Pero los años seguían pasando, y la escena…la escena igual: un par de hombres chequeando urnas machistas, contando votos impotentes, estableciendo ballotages precoces, y presentando fórmulas políticas afligidas que pedían en gotas amor maternal.
Pero el día llegó, como siempre. Un mundo femenino prohibido, silenciado, en gotas. Ternura que gotea inteligencia, abrazos, percepciones casi escatológicas. Era el día del puntapié. El primero. El arranque: 10 de diciembre de 1860. Lugar: Wyoming, un pequeño estado de los Estados Unidos. La mina se levantó, planchó tres de sus cuatro vestidos con lunares, peinado concentrado y elegante, tan elegante como siempre. Ese día la mina representaba una parte de la humanidad, mejor dicho: a la humanidad. A las millones de panzas abrigadas que prestan vivienda cuidadosa por algunos meses (está todo pago: comida, cama, masajes y amor incluidos). A las millones de sensibilidades que después de ese día comenzaron a expresarse libremente: opinando, calificando, en una misma posición. Machismo en gotas, goteando sumisión. Alguna energía femenina de pie, dejando las gotas de lado. Y una mina que votaba por primera vez en la historia de la humanidad. Por allá, por Wyoming, un 10 de diciembre de 1860: el día en que el macho despertó, dejó su circular mentira de lado, y desayunó una inteligente belleza.
3 comentarios:
Si lo hubiera escrito una mujer, quizás hubiera quedado empalagoso, algo trillado y feminista, pero desde la perspectiva de un hombre se convierte en un texto muy lindo, lindo gesto gachu que un hombre reconozca el rol de la mujer
"Ternura que gotea inteligencia, abrazos, percepciones casi escatológicas."
"A las millones de panzas abrigadas que prestan vivienda cuidadosa por algunos meses..."
m u y b u e n o !
bueno viejo el 10 de dicimbre pasó hace 17 días...
pido más respeto por el lector, que, debido a como Ud. titula su blog, se genera expectativas que implican cierta frecuencia...
ña ja ja
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